El Cielo de México

 

El Niño Jesús de Atocha

 

Atocha que se encuentra en Plateros es el tercero más visitado de nuestro país, después del de la Virgen de Guadalupe (D.F.) y el de la Virgen de los Lagos (Jalisco). Miles de peregrinos acuden a su santuario en busca de consuelo o para pedir o agradecer determinados favores a la pequeña imagen del Santo Niño. Las paredes del patio del convento están completamente tapizadas de exvotos, o “milagros”, ofrendados por aquellos que recobraron la salud o que se vieron a salvo de terribles peligros.

 

PRIMER MILAGRO En el mes de febrero de 1829, le aconteció a Maximina Esparza caer presa en la Villita de la Encarnación, en los días de la función que anualmente hacen aquellos moradores a María Santísima de La Candelaria la cual no teniendo quien hablará por ella, duró hasta el mes de agosto del mismo año, y habiendo salido con pena de destierro, caminó para el Real de Catorce, donde le sucedió la misma desgracia durando presa tres meses, y volviéndole a aplicar la misma pena, se dirigió a Saltillo donde por sus malas costumbres volvió a caer por tercera vez presa, en cuya prisión duró desde abril hasta septiembre que salió nuevamente desterrada por cordillera para la ciudad de Durango, donde duró en aquélla cárcel por término de un año; y mirando que no tenía quien por ella abogase ni esperanza de salir, invocó con veras de su corazón al Santo Niño de vuestra Señora de Atocha, quien le oyó benigno y le saco dé aquélla cautividad en que se veía, pues en todo el tiempo que existió en ella no hubo quien fuera en su defensa. hasta que el Santo Niño de Atocha, en traje de joven gallardo, le vistió en aquélla prisión, llevándole una torta de pan a nombre de su Madre, diciéndole que en la tarde de ese día vería a su juez y se haría hechor a su casa, lo que causó no poca admiración a la rectora y presas; y llegando la hora que le citó el Niño, salió en libertad bajo las condiciones de ir a su cargo, el cual al salir le dijo que le siguiera sin perderle de vista. Así lo hizo, tomando una calle recta que sale al camino de Fresnillo, al llegara una lagunita se cerró la noche y perdió a aquel Niño que le llevaba a su casa, pero advertida ella de que le había dicho el Niño que su Madre era María de Atocha, y él se llamaba Manuel de Atocha, prosiguió su camino toda aquélla noche, y al salir el sol se vio llegando a Fresnillo, ignorando la morada de aquel Niño y sabiendo los moradores de aquel Real los portentos tan singulares que el SANTO NIÑO DE ATOCHA, obra diariamente, la condujeron a la casa del Cura, a quien informó lo que había pasado en su última prisión; quien después de haberse cerciorado bien de ella, la condujo a aquel Santuario donde se halla tan raro portento y al ver la citada Maximina el bello relicario del Santo Niño, postrada en tierra y anega da en lágrimas le tributó infinitas gracias en recompensa dé tan admirable prodigio, le patentizó su fe y amor con el presente milagro, demostrando a los de votos del Santo Niño de Atocha, la más singular maravilla que con ella hizo, haciéndole ver con él retablo que le puso en el Santuario de Plateros, para certificarlo a todo devoto afligido que implore al Santo Niño su protección.

Esta sección fue realizada con el aporte de nuestro amigo de México - Daniel Solano Pérez

 

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